lunes, 7 de mayo de 2012

Ana Frank y yo.

Vista de un canal de Amsterdam.

Me viene rondando en la cabeza el recuerdo de Ana Frank en estos días, no sé bien por qué.
El blog tiene algo de diario íntimo, cercano, cálido, sentimental, el blog es la fragilidad, la ternura, los sentimientos, emociones, las alegrías y tristezas, esperanzas, zozobras, el blog es el enclaustramiento, la introspección, la reflexión sobre los acontecimientos, sobre el futuro, la esperanza de un futuro mejor, el blog es querer poner freno a la barbarie y que triunfe el poder de la razón, el blog es la necesidad de comunicación, de expresarme, de darme a conocer y de dar a conocer lo que me está pasando.
El blog es mi espíritu que intenta volar y a veces vuela alto y a veces se estrella contra el asfalto.
El blog es la ternura y la ingenuidad, a veces me sorprendo escribiendo cosas muy infantiles, y me digo que no procede poner eso en el blog, que son cosas muy íntimas, muy personales, que a nadie interesan, que se van a burlar de mí, pero al momento pienso que me estoy censurando, que estoy coartando mi creatividad, y sobre todo, que dejaría de ser yo mismo al 100% si no escribo en cada momento lo que siento tal y como lo siento.
Hago el blog para mí y mientras lo leen los demás, eso parece.
El blog, esa terapia continua que me ayuda a seguir viviendo.
Ana Frank nunca pensó que algo que hizo durante su cautiverio, algo tan suyo, reflejo de su día a día, de sus sentimientos, reflexiones, ilusiones y penas, que algo tan precario, que pendía del hilo de la voluntad de una niña, pudiera convertirse en un paradigma universal del holocausto, y no sólo eso, en un paradigma universal del sufrimiento, la represión, la marginación, y, pese a todo, de la esperanza.
De una calidad literaria que emociona, el diario es, sin dudarlo, estremecedor.
Lo recomendé la semana pasada como lectura.
Yo me encontré con Ana Frank visitando Amsterdam, la hermosa ciudad de los canales del norte de Europa, en la bucólica Holanda, un país de cuento, allí, inesperadamente, haciendo de turista, una mañana visité, como por visitarla, porque no me quedara nada por ver, la casa museo de Ana Frank, y pienso que es uno de los acontecimientos que más ha marcado mi vida.
Porque allí mismo compré el libro y esa misma tarde lo leí, y entonces mi comprensión del mundo y de la naturaleza humana cambió, a partir de entonces fue diferente.
Comprendí que la verdadera naturaleza humana, la de todos, reside en realidad en los pensamientos de una niña de 12 años privada de libertad por un poder arbitrario y aniquilador.
Todos somos Ana Frank, ella no es sino el espíritu puro que todos llevamos dentro, el que en última instancia nos conforma como persona, y que no perdemos nunca, por mucho que queramos ocultarlo, lo reconozcamos o no.
Escribo en el blog y me sonrío a veces de mis ingenuas sinceridades, y me digo que estoy haciendo el ridículo, y entonces pienso en Ana Frank que parece susurrarme al oído:
"Acuérdate de mí José Ramón, continúa..."

Besos,

José Ramón

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