martes, 8 de mayo de 2012

Los tacones del rey...

 

LUIS XIV, EL REY SOL, FUE EL PRIMER HOMBRE QUE UTILIZÓ TACONES ALTOS

 

Fascinado con sus nuevos zapatos, el monarca francés los prohibió al resto de la corte con la pena de muerte

 

Luis XIV, el Rey Sol, dueño de sí y del universo, sorprendió al mundo cuando instauró la monarquía absoluta en Francia. Luis XIV supo acallar, primero, y conquistar, después, las voces que, por aquel entonces, desaprobaban su reinado... Con el apoyo de su pueblo y la convicción de su autoridad divina, Luis XIV, tomó las riendas y gobernó en soledad los destinos de su país.


Tacones para compensar su pequeña estatura
Se proclamó representante de la voluntad celestial y, como tal, impuso la suya propia no sólo en el gobierno francés, sino en todos los ámbitos de la vida nacional. Luis XIV llevó a cabo una reorganización general de la economía; realizó la reforma del ejército; consiguió numerosas victorias militares; ensalzó la magnificencia parisina; hizo de Francia la primera potencia cultural europea y se erigió en el protagonista absoluto de la vida social francesa. Realmente preocupado por su imagen -no podía pasar por delante de un espejo sin mirarse en él-, Luis XIV no sólo siguió las tendencias de la moda, sino que dada su enorme influencia, impuso algunas de sus costumbres en el vestir: enormes pelucas de pelo natural, mangas adornadas de ricos encajes venecianos y, como no, sus famosos zapatos de tacón alto. Zapatos exquisitos y únicos elaborados siempre por su zapatero personal, el francés Nicholas Lestage. Un artesano al que dio precisas instrucciones: refinados, aunque adornados con vistosos lazos, brocados y piedras preciosas; suelas de color rojo; tacones con una pequeña curvatura; bordados en plata con escenas de batallas... Todo un derroche de imaginación y sofisticación. Hasta tal punto el Rey era fanático de sus nuevos zapatos que -en parte, para hacer constatar su supremacía- prohibió llevar el exclusivo modelo al resto de la corte y aquel que le desobedeciera sería castigado con la pena de muerte.


Luis XIV lució tacones para disimular su corta estatura... Y revolucionó la moda del calzado. De hecho, actualmente siguen dando que hablar los zapatos del Rey Sol. Christian Louboutin, una figura de mención obligada a lo que diseños de zapatos se refiere, confiesa: “La estatua de Luis XIV lleva unos de mis zapatos preferidos: una especie de sandalia retrabajada”. Y, aún hoy, la mujer del siglo XXI continúa cayendo rendida ante el encanto del tacón conocido como Luis XIV.


Extravagancias del Rey
En un momento en el que la fama de la monarquía estaba bastante debilitada tras La Fronda -dos rebeliones, lideradas por la nobleza, en contra de la corona-, sólo un rey de fuerte personalidad podría hacerse con el dominio del país. Éste era, sin lugar a dudas, Luis XIV. Responsable, trabajador, organizado, meticuloso, lúdico, petulante... Y así durante 72 años, los que permaneció en el poder, más tiempo que ningún otro monarca. Las extravagancias de un Rey todopoderoso no tardaron en aparecer. Se estima que una media de cien personas, todos hombres, asistía, a diario, al despertar del Rey para presenciar el aseo, peinado, afeitado y desayuno del monarca. El almuerzo de Luis XIV, en un principio privado, se convirtió también en un acto público -similar al despertar- en el que los asistentes eran meros observadores. Pero, además, impuso puntillosas reglas que designaban la superioridad de aquellos que podían dirigirse a los grandes personajes, cuándo y dónde. Y es que para el monarca, el arte del aparentar era realmente primordial. De hecho, para ganarse los favores del Rey, aspectos como la belleza física o la posesión de fortuna suficiente para poder cambiar varias veces al día de indumentaria adquirieron suma importancia.


Luis XIV -un hombre ilustrado donde los haya e irresistible por su enorme autoridad- conquistó a numerosas mujeres de la corte. Pese a todo, sólo contrajo matrimonio en dos ocasiones: en 1660 con la infanta española María Teresa, hija del Rey de España Felipe IV, y en con madame Maintenon, quien le instó para que contuviera la inmoralidad imperante en la corte. En definitiva, Luis XIV iluminó Francia, por algo lo llamaron el Rey Sol.

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