martes, 26 de marzo de 2013

Diario de un paseante. La red.




Diario de un paseante. 10-02-2012 10:30. La red.

Parpadea el cursor delante de mis ojos, me deslumbra la blancura iluminada de la pantalla, tecleo, escribo, de mis manos salen letras, palabras, frases, párrafos, páginas, historias, propias y ajenas, reales e inventadas, y vuelan las historias a lugares apartados, lejanos, cercanos, próximos, vuelan porque son buscadas en ocasiones, son llamadas por alguien de manera voluntaria, vuelan también porque son encontradas casualmente por alguien, cosas de la red, todos estamos interconectados, las historias, la imágenes, están ahí a disposición de todo el que quiera leerlas, contemplarlas, de pronto alguna historia es más vista que otra, desconozco el motivo, me sorprendo, ¿a qué se deberá?

Desde la paz de mi hogar escribo, pienso, siento, me emociono, reflexiono, y escribo de nuevo, doy reflejo de mí, de mi mundo, de mis ideas, valores, pensamientos, creencias, emociones, sentimientos, miedos, frustraciones, alegrías y tristezas, a través de lo que escribo, y todo eso como aves migratorias que salen a volar por el cielo de la red, un cielo que yo imagino azul, siempre brillante, nunca nublado, un cielo que facilita la comunicación, un cielo universal como el cielo verdadero, que a todos nos ampara, protege, da cobijo, que nos da la vida, el cielo verdadero nos da la vida física, la preserva, la alimenta, el cielo de la red nos da la vida intelectual, nos alimenta el alma, el espíritu, nos hace volar con la imaginación.

No hay invento del hombre que satisfaga mejor la proyección intelectual del hombre y su base comunicativa que la red, no hay invento que haya abierto fronteras y abierto conciencias como la red, ni biblioteca que contenga lo que la red contiene, porque en ella está todo, la infinita variedad del conocimiento humano, de su creatividad, porque en ella participamos todos, leyendo, escribiendo, comunicándonos en definitiva, las posibilidades son infinitas, hoy en día no se podría vivir sin la red, o por mejor decir se viviría peor, con una vida de menos calidad.

Son ideas, ya sé que hay abusos, que podemos estar desprotegidos, que hay que tener cuidado, lo sé, en la televisión salen casos de todo tipo, la red es también territorio propicio para desaprensivos, pero qué es eso comparado con el bien que hace, con su potencial, nada.

Me fascina que algo que estoy escribiendo ahora lo lean al momento en Tokio, y quién dice Tokio dice Ciudad Real, me fascina que al instante alguien a propósito o casualmente me encuentre, encuentre lo que escribo, se encuentre conmigo, piense algo al respecto, me encanta esta interacción de los pensamientos que me brinda la red, incluso me atrae su silencio, es decir, su falta de respuesta, su muda presencia que todo lo absorbe sin decir palabra, igual hago yo cuando leo a los demás, me guste o me disguste siempre callo, pero mi pensamiento habla para mí, valora, etiqueta cuidadosamente y guarda para seguramente en otro momento utilizar el pensamiento guardado y devolverlo a la red incólume o transformado, las más de las veces transformado, ésa es la multiplicidad de la red, es variada, multiforme, en ella estamos todos de una u otra medida, todo lo contiene, su oferta es infinita.

Me pierdo a veces en la red, soy como un pajarillo que vuela por su cielo universal y no sabe bien dónde va, solitario me voy posando en un lugar y en otro hasta que encuentro un alma afín que desde algún lejano lugar del mundo lanza su canto como si se tratara de un mensaje en una botella, como si fuera el mensaje de un náufrago que pide ayuda, comprensión, que alguien sepa de él y le rescate, y me siento identificado con ese náufrago, porque yo como él soy igualmente eso, un náufrago de la red.

El paseante

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